Eramos muchos en los comienzos, creo recordar que mas de cincuenta personas, de todas las edades, de todos los sexos, de todas la religiones. Unos con más cultura, otros con menos. Unos colaboraban de una manera, otros lo hacíamos de otra, era en conjunto valioso, por que todos los miembros que lo componían, eran individuos de mucha valía, grandes personas.
Se crearon varios grupos de trabajo y con el esfuerzo de todos se inició una revista, no excesivamente pequeña, con multitud de ideas y esperanzas.
Fue pasando el tiempo y fueron emergiendo también diferencias entre las maneras de pensar de los directivos, unos querían unas cosas donde otros hacían otras.
Fueron apareciendo las primeras diferencias… ¿culturales? ¿personales?
Habían pasado dos o tres años y ya de los cincuenta iniciales tan solo quedaban treinta almas interesadas por el trabajo de La Buena Letra.
Según transcurría el tiempo, iba disminuyendo la plantilla. Unos se marchaban a vivir fuera de la ciudad, otros se casaban, tenían hijos que impedían que su pasión por las letras se desarrollase de esta manera, otros simplemente, decidían que esto no era lo que querían y se marchaban, sin mirar atrás.
Tan solo unos cuantos de los que inicialmente presentamos a La buena Letra en sociedad, seguíamos ahí, aun pensábamos que las letras eran importantes y que el mayor premio era plasmar una historia en un papel y dejar que otros disfrutasen con ella.
Comenzamos a montar otras historias para enseñar nuestro trabajo, se idearon los Recitales, en los que al principio nos limitábamos a mostrar textos de otras personas, canciones que habían marcado de alguna manera nuestras vidas, cantautores, poetas y al final, ya hace varios años, decidimos mostrarnos nosotros mismos, mostrar nuestros textos, nuestros cuentos. Nos subíamos, nos subimos al escenario, para leer cuentos e historias de nuestro repertorio, amenizadas con música tranquila para poder asimilar el poder, la energía, la tristeza, la angustia, que producen nuestros cuentos.
Aunque somos conscientes de que (quizás) nunca llegaríamos, llegaremos a ser Cela, Unamuno, Machado…. Y quizás (otra vez quizás) nadie se acordará de nosotros cuando muramos. Y de nuevo mermaba el grupo, de nuevo las personas evadían sus sueños o los buscaban en otros lugares.
Ahí quedamos siete personas, tan solo, que luchamos denodadamente para conseguir que nuestro grupo, siguiera siendo parte de esta ciudad, aunque poquitos, seguíamos disponiendo de muchas ganas, de mucho temple, de muchas letras que mostrar.
Pasamos por esto hace ya varios años una gran crisis, de la que al final, por la determinación de varios de sus componentes y por la llegada de nuevos miembros al equipo, se ha solventado. Pero seguimos necesitando ser más, para entre todos, poder ser mejores.
Hoy, Octubre de 2009, seguimos siendo pocos, no llegamos a quince, nos han dejado hace poco, valiosas personas que han tenido por circunstancias que marcharse. Han llegado y están llegando otros que renovaran el ansia por las letras y el espíritu del escritor que aun pervive entre nosotros.
Somos escritores, con poca resonancia, con poco ruido, pero con grandes sentimientos y el gran coraje de mostrarlos, compartirlos con todos vosotros, los que nos queráis leer, los que nos queráis visitar, los que quizás, algún día, nos queráis acompañar y queráis compartir unos segundos con nosotros.